HERMENEGILDO BUSTOS, REALISMO Y FIDELIDAD
___________________________________________________________________

Ante sus obras se tiene la impresión de que cada trabajo era para él nuevo e importante, de que nunca se atenía a método rutinario, sino que en cada caso procuraba copiar intensamente la auténtica e intransferible originalidad del rostro delante de él, de la vivencia de su alma. Nunca se repite, aunque viendo las cosas desde un punto de vista exterior, casi siempre pinta lo mismo: retratos, es decir, semblantes y figuras. Nunca deja de ser creador. Es lo que da a sus cuadros –en su mayoría de dimensiones pequeñas, casi todos aquellos pintados sobre lata– el valor permanente [...] PAUL WESTHEIM SOBRE BUSTOS(1)

_________________________________________________________________________

Libertad estética, las escuelas regionales

El retrato popular, protegido por la inestabilidad política de principios del siglo XIX y en el cobijo de la infracción, aportó versatilidad y un carácter propio a la interpretación estética del género. Sin la protección del gremio ni el reconocimiento de la Academia de San Carlos, numerosos artistas se dedicaron a su producción y firmaron como aficionados para evitar las sanciones.

Durante la primera mitad del siglo XIX, la Academia vivió un reposo forzado que tuvo un efecto trascendental en el desarrollo y proliferación de los pintores populares.(2) Lejos de los cánones, de la inocencia a la libertad, los artistas, algunos con preparación formal y otros siguiendo su propia emoción recorrieron caminos nuevos en el arte de eternizar al otro. Los rostros, las costumbres y los lugares del pueblo, que el academicismo desdeñó, fueron registrados por los pinceles de Arrieta, Estrada y Bustos, entre otros. Chinas poblanas, peleas callejeras, y lugares como las pulquerías y mercados de nuestro país, fueron algunos de sus motivos; el retrato fue el más importante.

Con el tiempo, la pintura popular comenzó a adquirir características regionales que derivaron en escuelas con sello y valor estético propio. En Jalisco sobresalió José María Estrada; en Veracruz, Salvador Ferrando; en Puebla, José Agustín Arrieta y Sacramento Espinoza; en Guanajuato, Juan Nepomuceno Herrera y José Justo Montiel. Uno de los más destacados fue Hermenegildo Bustos.

Yo, Hermenegildo Bustos, aficionado pintor, indio de este pueblo de la Purísima [...]
(Al pie del retrato del padre Martínez) Hermenegildo Bustos (3)

Alejada de la capital del país y ubicada en las cercanías del Camino Real de Tierra Adentro se encuentra la comunidad de Purísima del Rincón cuyos habitantes fueron inmortalizados por la mano de Hermenegildo Bustos. Nació en 1832 y sus primeros años de vida transcurrieron en una población pequeña, que también se vio alcanzada por los vendavales del siglo: el cólera morbo, la desamortización de los bienes eclesiásticos y la turbulenta conformación del Estado mexicano.

El vacío de noticias que sobre la formación académica de Bustos existe ha mantenido ocupados a los investigadores. Gonzalo Obregón sostuvo que “el más famoso discípulo de Herrera fue Hermenegildo Bustos”.(4) J. Jesús Rodríguez Fraustro apuntó a un camino distinto, en el que suponía que Bustos conoció al pintor jalapeño José Justo Montiel, dada la cercanía y el intercambio frecuente de Purísima del Rincón con la ciudad de León, Guanajuato, donde se ubicaba la academia de pintura del veracruzano. Con absoluta certeza, Hermenegildo Bustos, más allá de las escuelas y los cánones, fue un pintor con sello estético único y original. Raquel Tibol, estudiosa del pintor guanajuatense, afirma que el enigma persiste, tanto como la certeza de la excelente calidad en la preparación de los pigmentos que Bustos utilizó.

Como tocado por la mano de un ángel, “el pintor aficionado” parece haber recibido el don. Nunca dejó su ciudad natal y esa fidelidad la mantuvo también en la técnica. La lámina fue el soporte más frecuente. Pintó en su mayoría utilizando óleo, sus figuras aparecen casi siempre de tres cuartos, en otros, el retratado aparece de frente. En todas sus obras el fondo es de tonos neutros. A partir de 1884 abandonó el rectángulo para ir con la época. En muchas de sus composiciones, trazaba un óvalo en el que dibujaba la figura, y cuyo resultado final tenía el estilo de una fotografía enmarcada.

_________________________________________________________________________

Gutierre Aceve Piña afirma que el retrato de sacerdotes fue uno de los temas recurrentes de su primera etapa, en la década de los años cincuenta.(5) Sobre el Retrato de un sacerdote en Museo Soumaya, Gonzalo Obregón comentó con respecto a esta obra que originalmente fue suya:

La finura del modelado, la fuerza expresiva del artista, junto con el interés psicológico del retratado, hacen de esta efigie una de las obras maestras de Hermenegildo Bustos y uno de los más bellos ejemplares de retratos mexicanos de la segunda mitad del siglo XIX ( 6 )

En 1860, comienza a trabajar en el retrato de pareja y de familia. Dos años después realizó el retrato de Juan Nepomuceno Gutiérrez Valdivia, del cual, Gutierre Aceve afirma existen tres versiones más.(7) Museo Soumaya presenta durante febrero uno de estos retratos, fechado en 1863 y firmado por Bustos.

En silencio, los rostros del “pintor de purísima” hablan. Las manos de sus personajes, cuando aparecen, están entretenidas con algo, la ropa, los objetos, consigo mismas.

[...] todos esos retratos irradian –o mejor: transpiran– una poderosa carnalidad. El cuerpo se ha vuelto energía [...] Si se me pidiese definir con una sola palabra la impresión que me causan esos retratos, respondería sin vacilar: intensidad, OCTAVIO PAZ ( 8 )

Rodríguez Fraustro comenta sobre Juan Nepomuceno Gutiérrez que: “fue muy rico y como no tenía ocupaciones precisas, se distraía poniendo sobrenombres y provocando situaciones difíciles y chuscas a sus semejantes” y agrega: La cara que pintó Bustos corresponde a un tipo que tenía en su haber un bien nutrido anecdotario.(9) Entre los dos retratos de Juan Nepomuceno publicados en el catálogo de Gutierre Aceve la gama cromática difiere, en uno tiende más hacia el verde y en el que hoy se exhibe como pieza del mes, hacia el azul. En uno de los casos, en la mano derecha, el personaje sostiene una carta, en otro una moneda.

Hermenegildo Bustos fue el cronista visual de su región.Trabajó mucho, y bien, para inmortalizar a las personas que conocía: los Aranda, los Estrada y en especial, los Valdivia; cuyo caso se encuentra bien documentado gracias a la abundancia de obras que hoy se conservan. A Francisca Valdivia la pintó en 1856 cuando tenía 15 años, seis después la volvió a retratar, aunque ahora casada y con sus dos hijos.

En comparación con el primer retrato, Bustos supo plasmar el semblante serio y austero de Francisca que sujeta con firmeza a su hija.

Sobre la obra que hoy se exhibe junto con la figura de Juan Nepomuceno G.Valdivia, Raquel Tibol comenta que fue reentelada y que tenía la siguiente leyenda:

En el mes de octubre de 1862 se retrataron la señorita Da. Francisca Valdivia de Chávez de 21 años, 7 meses de edad, su hijo primogénito Rafael Chávez de 8 años, 1 mes, Elena Chávez de 8 meses. Firma Hermenegildo Bustos. (10)

Como emergiendo de un mar profundo, el rostro de Francisca destaca del vestido negro, el cabello se evidencia sólo por algunos resplandores que sugieren las ondulaciones y la extensión. Su cuerpo no se distingue, las proporciones se adivinan. Las caras de los niños también resaltan en la oscuridad del conjunto. Para Hermenegildo Bustos, sólo lo humano tiene derecho pleno a ser.

Las manos de Rafael ocupadas en el irreconocible contenido de una canasta, la pequeña Elena juega con sus dedos. Otros miembros de la familia Valdivia plasmados por el autor fueron Lucia Valdivia de Aranda, Isidoro González Valdivia y Romualda González de Valdivia.

A la antigua usanza de la escuela flamenca, Bustos prefirió centrarse en el personaje, poner todo el acento en el rostro y las manos del personaje y dejar el fondo en una indefinición que da fuerza a la composición. A partir de 1870, la producción de retratos del autor disminuyó notablemente. Seis años antes de su muerte en 1907, pintó su autorretrato.

Las manos del indio de Purísima estuvieron presentes en la parroquia de su pueblo, en las nieves que vendía y en las labores del campo. En cuanto a sus pinceles, se ocuparon de la parroquia del pueblo, los santos, los milagros de los exvotos, los fenómenos del cielo y sobretodo la crónica de la gente de su pueblo.

La sinceridad artística y el realismo pictórico que los artistas del siglo XX discutieron, defendieron y anhelaron fueron dones que Hermenegildo Bustos supo plasmar sin complejidades, con modelado fino y con fuerza expresiva, para ilustrar la historia privada de una comunidad donde el predominio, la fuerza y el carácter de lo humano se convirtió en goce estético.

EVA MARÍA AYALA CANSECO | CURADURÍA E INVESTIGACIÓN


_______________________________________________________________________________________
1 Catálogo de exposición, Museo Nacional de Bellas Artes. Consultado en Tibol, Raquel, Hermenegildo Bustos, Pintor de pueblo, CONACULTA / INBA, Ediciones Era, México
2 Brown,Thomas A., La Academia de San Carlos de la Nueva España,Tomo II, 1976, SEP, Dirección General de Divulgación, México
3 Consultado en Paz, Octavio, Los privilegios de la vista, Hermenegildo Bustos, Televisa / Centro Cultural Arte Contemporáneo, México, 1990, p. 182
4 Tibol, Raquel op. cit.
5.- Aceves Piña, Gutierre Hermenegildo Bustos: 1832-1907, CONACULTA / INBA / Munal, México
6 Obregón, Gonzalo, Retrato Mexicano, “Algunas consideraciones sobre el retrato mexicano”, Artes de México No. 132, Año XVII, México
7 Aceves Piña, Gutierre, op. cit.
8 Paz, Octavio, op. cit.
9 Tibol, Raquel, op. cit.



Regresar